La conferencia de Bali sobre cambio
climático terminó en gran farsa. Claro, muchos
diplomáticos y críticos dóciles presentarán los
resultados de Bali como algo positivo y parte de un
proceso en construcción. Hasta la aceptación de Estados Unidos
del plan de negociaciones futuras ha sido descrita como muestra de flexibilidad
y anuncio de una actitud constructiva para el futuro. Lo cierto es que lo
único que se está construyendo es una gran tragedia. Y si alguien
lo duda, veamos los resultados.
En Bali se tenía que definir un plan para
el futuro inmediato de las negociaciones sobre cambio climático.
Había un sentido de emergencia. La cantidad de bióxido de carbono
que hoy existe en la atmósfera rebasa el rango natural de los
últimos 650 mil años. El cuarto informe del Panel
Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) señala con toda
claridad que si se quiere mantener el aumento de temperatura promedio global
alrededor de los dos grados centígrados en las décadas
siguientes, los países más industrializados deben recortar
drásticamente sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) para el
año 2020.
Esas reducciones deben ser entre 25 por ciento y 40 por ciento inferiores a
los niveles de emisiones que tenían en 1990. El mensaje científico
es directo: sin esas reducciones se rebasará el umbral de los dos grados
con gravísimas consecuencias. Lo triste es que el mensaje no ha sido
escuchado.
La conferencia de Bali estuvo dominada por las
divisiones entre bloques de naciones. Estados Unidos, Australia, Japón y
Canadá rechazaron desde el principio la inclusión de metas
cuantitativas para la reducción de emisiones de GEI. Por su parte,
Al final, el plan negociado en Bali es una
desaliñada mescolanza de planteamientos vagos
sobre todos estos puntos. Su retórica reconoce que se necesitan
reducciones profundas de GEI para las economías desarrolladas, pero sin
calendarios o metas. El máximo logro fue incluir una referencia de pie
de página al documento técnico del IPCC en el que se explicitan
las reducciones de 25 por ciento-40 por ciento en GEI. Gran victoria, un
asterisco contra el cambio climático.
Por otra parte, el plan habla de la necesidad de recortes de emisiones en
China, India y otros países, pero sin siquiera señalar las
grandes orientaciones de las estrategias a seguir. La retórica sobre
ayuda técnica y financiera también está presente, pero con
vaguedades y sin compromisos reales. En suma, el resultado de Bali es un alarde de retórica vacía y llena
de ambigüedades. El rasgo dominante para el futuro inmediato será
la incertidumbre.
A unas cuantas horas de concluida la conferencia de Bali,
El mercado de bonos de carbono descansa sobre la base de asignar cuotas a
las empresas. Si una empresa no agota su cuota, puede vender ese sobrante a las
empresas que sí rebasaron el cupo que les fue asignado. Al amparo de
este esquema de asignación de cuotas, el sistema europeo de
transacciones de bonos de carbono (ETS) se ha convertido en uno de los negocios
más lucrativos en materia de especulación financiera. Casi todos
los bancos europeos importantes, y la mayoría de las grandes corporaciones
multinacionales de
Por su dinamismo, el mercado de bonos de carbono se está convirtiendo
en uno de los espacios de especulación más grandes del mundo. Por
eso no sorprende que
Este año se intercambiaron bonos de carbono por 30 mil millones de
dólares en el ETS. Pero el sistema de mercado de bonos de carbono ha
sido un fracaso: entre 2001 y 2004 las emisiones de GEI en Europa crecieron 3
por ciento y en 2006 el aumento fue de 1.5 por ciento. Definitivamente los
países europeos no tienen autoridad para dar lecciones al mundo sobre
responsabilidad ambiental.
Lo más importante es que en esta conferencia sobre cambio
climático se desperdició la oportunidad de aprovechar las
enseñanzas de los últimos 10 años. Todos ambicionaron lo
suyo en Bali, y todos perdimos.