La batalla de riddick, bad to the bones

UN LETAL ERRANTE DE MUNDOS SURREALISTAS

El glorioso mundo del cine cuenta con una serie de criaturas amorales, los que, más allá de posicionarse como los maniqueos villanos de la ficción, se ganaron nuestra empatía y fascinación.
Estos personajes, ya sean humanos o criaturas extrañas (alienígenas, demonios, o psicóticos), son figuras recreadas a partir de la iconografía pulsiva y surrealista emergente de angustiantes manifestaciones psico-patológicas, que son representadas en seres capaces de trascender el propio film que les fuera establecido -originalmente- como marco referencial. Como espectadores y cinéfilos somos incapaces de guardarles encono y distancia a estos distorsionados y memorables personajes del sexo xxx, porque reconocemos que están inspirados en un semblante muy oscuro de lo profundo de nuestro ser, y, por ende, hay un rasgo muy humano perdido en algún lugar de aquéllos.
Riddick es un personaje del que poco sabemos, sólo que es un condenado prisionero de máxima seguridad intergaláctico, con características crueles y sanguinarias, pero con un rasgo envidiable que reside en la nobleza de percatar a quién se le acerque de su propia crueldad y sadismo, casi como una última oportunidad para escapar. Riddick será entonces un personaje a quien le sentará muy bien la máxima “COMBATE AL MAL CON UN MAL AUN MAYOR”. Desde esa premisa fue conocido este personaje fascinante, del que poco habríamos de descubrir en su primera aparición, en el film de “clase B” Pitch Black (2000).
“Pitch Black” es el segundo film realizado por David Twohy, quien contando con una humilde y honesta producción, habría de triunfar donde la cinematografía de ciencia ficción de los últimos veinte años fracasó.
Vin Diesel se demuestra fiel a sus orígenes, ya que “Pitch Black” fue el primer film que lo tuvo como protagonista. El éxito inusitado del primer film convocó a sugerir una segunda entrega en la que Diesel aporta sus ahorros, teniendo parte como productor ejecutivo.
Es cierto y reconocido que el talento de Vin Diesel es limitado. Pero el lugar que la cinematografía le confiere al joven actor, lo llama a ocupar el lugar de aquellos fortuitamente desaparecidos “adoquines” que en la década del 80 fueron injustamente llamados Action Hero.
Pero Vin Diesel cuenta con un valor agregado por el inconmensurable caudal de carisma que trasciende la pantalla, atemperando sus roles físicos. Por ende, el rapado héroe de la pantalla nos habrá de caer bien simpático a todos.
“La Batalla de Riddick”.
Es la visión de corte épico de un inusual universo politeísta, donde se mancomunan criaturas de diversos rasgos étnicos que bregan por la paz de la galaxia, con la ayuda de unos extraños seres mitológicos Elementales, encabezados por Aereon (Judi Dench). Este politeísmo intergaláctico será denigrado por la fuerza de un imperio que, por medio de la fuerza, hará a todo ser vivo converso a la causa y oscura religión de los Necromancers. El film presenta una colosal puesta en escena que habrá de pasearse entre lo surrealista y lo barroco, generando la más que notoria distorsión y enfatización de una fastuosa estética de un muy particular universo, presente en el film, que remite a la obra de culto “DUNA” de David Lynch.
La décima cruzada del siglo XXVI, remite al despotismo de una guerra “santa” en la que se halla la causa perseguida por el inusual temor de Lord Marshall (Colm Feore), quien tiempo atrás sería reconocido como un distinguido y espléndido guerrero de fama en todo el universo.
Un oráculo le revelaría al gallardo guerrero el desenlace funesto de su destino en manos de un miembro de la raza Furion.
Desde ese momento, el Lord Marshall se vio sumido en el pavor que lo refugió en las oscuras artes prohibidas de los Necromancers (una raza de simbiontes que se alimentan de las almas de los seres que les sirven de huésped).
Con la fuerza necesaria y proporcionada por un renovado y converso espíritu Necromancer, Lord Marshall, enfrentará e intentará torcer su destino eliminando y devastando a toda la raza de los Furions.
Incluso, el film ofrece una pequeña intertextualidad referida a los criterios bíblicos, donde hace referencia al modo en que el despótico Marshall mató a todos los Furions recién nacidos.
Entonces, los escuetos seres que temen ser religiosamente conversos por los necromancers, deberán acudir al último de los Furions, conocido como Riddick, un antihéroe. Un cínico. Un errante que más allá de toda su crueldad y brutalidad su corazón esconde la más noble de las causas.
Su rastro y su cabeza tienen un precio al ser el convicto más peligroso de la galaxia; aún así a Riddick no le importa vivir enfrentando a mercenarios y caza recompensas, o que el poderoso Lord Marshall desee acabar con él.
El único motivo del exilio de Riddick fue la protección de Jack, una jovencita que representó para el letal guerrero lo más cercano a una familia, y a la que él abandonó para proteger de quienes pusieron un precio a su cabeza.
Riddick verá que su exilio fue en vano cuando la resistencia del régimen de Lord Marshall le notifique que Jack, es ahora una sensual y peligrosa guerrera llamada Kyra (interpretada por la deslumbrante Alexa Dávalos) quien, además de resistir las fuerzas del imperio Necromancer, todos estos años habría de seguir el rastro de Riddick hasta las cárceles interplanetarias donde él estuvo recluso.
Riddick se entregará a sus persecutores con el objetivo de dar con el paradero de la joven, reclusa en una peligrosa prisión en los confines de la galaxia.
Riddick buscará dar con el paradero de Jack, para intentar fugarse de las colonias de prisioneros del planeta Crematoria, y tener un lugar preponderante en esta guerra entre despóticos imperios y reinados subordinados, donde el destino tiene una cita con Riddick, algo inevitable y más fuerte que el más poderoso de los imperios; y la verdad habrá de revelarse en el combate y en el legado de su heroica sangre, descubriendo que es el último miembro de la ya extinta raza “Furions”.
Esta desaparecida especie encontró la gloria pereciendo en batallas colosales contra los Necromongers.
Ahora, este particular Antihéroe, interpretado Vin Diesel y surgido desde un film de bajo presupuesto como “Pitch Black”, tiene su oportunidad para ser reconocido como el protagonista indiscutible de una épica saga de la ciencia ficción que comienza a dar sus primeros pasos en “La batalla de Riddick”.
Riddick podrá seguir los pasos de aquellos íconos que marcaron una huella en el cine fantástico, como fue el caso de irrefutables referentes como Alien y Depredador, o como aquellos pilares del cine de horror de mediados de los 80 como Freddy, Jason, o el melómano caníbal Dr. Lecter, en la década del 90.

El quinteto de la muerte, un puñado de idiotas desafiando al destino

EL NUEVO FILM DE LOS HERMANOS COEN

Todo se remitirá otra vez al patetismo de un puñado de idiotas tentados a desafiar al destino, algo ya usual en la filmografía de los hermanos Joel y Ethan Coen.
La esencia del relato de esta nueva versión del clásico film “El quinteto de la muerte” habrá de presentarse, en esta ocasión, como una cáustica narración colmada de humor negro, pero sólo a modo de fachada, para conseguir ocultar su más amenazador aspecto de alegoría simbólica.
“El quinteto de la muerte”, según los Coen, es un relato constituido a partir de la lucha de los reinos elevados y los bajos reinos.
En esta mentada lucha, donde las “leyes y órdenes” terrenales (policía) no tienen jurisdicción alguna, y aunque los obesos policías de Missouri serán advertidos de la totalidad de los acontecimientos que ocurren en la trama, los gordos uniformados pormenorizarán el asunto como un tema referente a la senilidad de una anciana. Poco sería decir que los hechos pertinentes ocurrirán casi bajo sus propias narices.
Todo habrá de ser el juego del bien contra el mal, otra vez, como es usual en los hermanos Coen, capaces de enfrentar al Serafín de turno con el Mefisto que, como es costumbre, ha sido vapuleado en varios films de la dupla de realizadores.
Proclamará el film la presencia protectora del bien celestial, elevada y vigilante:
Representado a partir del retrato del difunto Esposo de la señora de la casa. Señora poseedora de un fervoroso espíritu y carácter cristiano. El inquieto felino y mascota del hogar habrá de perder los estribos ante la presencia del mal, jugando un rol activo para “corregir los asuntos irresueltos”.
Opuestamente, estará la presencia del mal, rastrero y astuto:
Representado por una Mefistofélica figura (Tom Hanks), poseedora de una hábil y criminal “Mente Maestra”, que se esconde bajo la piel del cordero; quien entrará y saldrá del film sin dejar rastro alguno de su paradero.
Esta puja de fuerzas será representada en la continuidad del relato como un fatalista destino que habrá de conspirar sobre los cuatro desdeñados ilusos; los cuales, cayeron en la tentación de la malévola propuesta (del malicioso sujeto), que presentaba la seductora e inalcanzable utopía que cambiaría para siempre la mediocridad de sus vidas diarias.
El Mefisto dirigente (Tom Hanks) tomará papel y lápiz para pergeñar artilugios útiles para el plan de trabajo que deben realizar estos cuatro ineptos. Los elaborados planos y cálculos de la “mente Maestra del Mal” van desde el sótano de la casa de la ancianita hasta las bóvedas del casino flotante “La reina bandida”.
Las ideas y planos cuidadosamente desplegados sobre una mesa, por el quinteto de delincuentes, remitirán por asociación directa a obras que rebozan de conceptos propios del personaje de Chuck Jones llamado “Willy Coyote” (Sí… aquel dibujo de la Warner), el genio más grande que alguna vez haya dado uso de los mentados productos ACME; y que al igual que el patético grupo de maleantes de este film, es muy propenso a “precipitarse trágicamente al vacío” con la susodicha “nubecita” que habrá de estampar su destino.
El ideólogo de turno no ha de desesperar ante los contratiempos provocados por la incapacidad y la inoperancia de estos tontos, capaces de echar todo a perder por expresar una incontrolable “Lujuria” por el turgente trasero de una joven, enfundado en un pantalón rojo, o la vanidad expresada en la pericia para detonaran bombas.
Estos contratiempos atentarán contra la camaradería de su mancomunado fin, para demostrarse intolerables unos con otros, y así al obrar de codiciosos (al circunstancialmente exigir una mayor parte del botín) se sabrán entonces condenados ante la “ley” maniquea de los realizadores.
La maleabilidad de los planos iniciales de “El quinteto de la muerte” será una metáfora concebida para contener el significado mismo de la obra.
Los planos referirán a un puente y sus atemorizantes columnas góticas, ornamentadas con algunas “parcas” de piedra, azotadas por la compañía de algunos Cuervos, que sobrevolarán el puente, esperando que por esa típica riera de Missouri llegue la embarcación que trasporta los residuos; estos serán depositados en ese “destino” que, visto a la lejanía, parece asemejar a una isla donde se condensa toda los basura y podredumbre.
Esta composición pone énfasis en la singularidad de las cuidadosas construcciones de los planos y sus provocativamente afectadas angulaciones, dispuestos -de este modo- para otorgar a la puesta en escena un carácter de interpretación simbólico, esotérico y metafórico.